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- Si
intento hablar de una flor son muchas las características que puedo destacar
para definirla: forma, textura, color, etc., pero cuando nombro una flor
la primer y más fuerte asociación se produce con la palabra perfume.
Bien, como definir con palabras
el perfume de un jazmín, hasta poder imaginarlo?. Algo similar sucede si quiero
hablar del Tai Chi. Puedo hablar de él en su forma pero para conocerlo tengo
que acercarme, soltar bien el cuerpo, concentrar mi atención, e ir percibiendo
su perfume. Cuanto más suelte mi cuerpo, cuanto más concentre mi atención,
más y más será la posibilidad que tenga de aumentar mi percepción.
Cuando
ocasionalmente en lo cotidiano nos encontramos con la belleza de un atardecer
en el campo, una caminata en un bosque, o simplemente saboreando con tiempo un
exquisito plato de nuestra comida favorita, todo nuestro cuerpo se vuelve una
antena sensible. Ese estado de máxima presencia, aparentemente producto de
una estimulación externa, es en realidad posible por una natural capacidad del
hombre, un tesoro que todos guardamos en nuestro interior. Los
que nos dedicamos a una actividad artística, y aun más puntualmente los que somos
artistas del escenario, sabemos bien que el verdadero instrumento con el que trabajamos
es nuestro cuerpo, en el sentido completo del término, (externa e internamente).
De él surgirá el sonido que nos identifique, nuestro propio sonido. Con
él estaremos en ese ritual que es el concierto, recital o como nos plazca llamarlo. Mantener
nuestro cuerpo afinado debería ser parte de nuestra tarea diaria. El
Tai Chi es un entrenamiento de energía, un entrenamiento del material que llena
todas las formas. Este entrenamiento se realiza a partir de prácticas concretas,
con ejercicios para soltar las articulaciones, desbloquear los tendones, adquirir
mayor vigor y elasticidad .Son movimientos suaves y firmes, rápidos y lentos,
y a partir de ir entrando en la serenidad entrenamientos interiores que desarrollan
la concentración y percepción. La
razón que me llevó a empezar con el Tai Chi en su momento fue una imbatible y
hoy desaparecida tendinitis y la búsqueda de un mejor estado de trabajo sobre
el escenario. Las
puertas que desde ese momento se fueron abriendo son innumerables y ya forman
parte de mi propio camino. Tan
innumerables como las conclusiones que cada individuo puede dar del perfume de
un jazmín.
Omar
Cyrulnik
guitarra_criolla@hotmail.com
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